La calidad de un peritaje forense no solo depende del conocimiento técnico del perito, sino de la planificación estratégica con la que se ejecuta cada etapa del proceso. Un peritaje eficiente requiere organización, anticipación y claridad en los objetivos.
El primer paso es una correcta delimitación del alcance: qué se debe analizar, cuál es la hipótesis y qué preguntas debe responder el informe. Esto evita desviaciones y optimiza el uso del tiempo y los recursos.
Un cronograma estructurado ayuda a prever tiempos de recolección de información, trabajo de campo, análisis y validación de resultados. Esta planificación reduce retrasos y facilita la toma de decisiones basada en evidencia.
La colaboración multidisciplinaria también fortalece la precisión del análisis, aportando perspectivas complementarias que enriquecen el resultado final.
Una presentación clara y objetivamente sustentada del informe garantiza que jueces, fiscales y abogados comprendan adecuadamente los hallazgos.