En los casos penales complejos, una gestión adecuada de expectativas es esencial para mantener la confianza del cliente y garantizar una estrategia legal efectiva. La incertidumbre propia del proceso penal, sumada a la carga emocional que vive un investigado o procesado, exige una comunicación clara, transparente y continua.
Un elemento fundamental es explicar desde el inicio el alcance real del servicio: tiempos aproximados, etapas del proceso, posibles escenarios y riesgos. Cuando el cliente entiende el porqué de cada actuación, es más sencillo sostener decisiones técnicas incluso cuando no coinciden con sus expectativas iniciales.
Mantener una comunicación periódica, incluso cuando no existen novedades relevantes, aporta seguridad al cliente y evita interpretaciones equivocadas. Las actualizaciones constantes fortalecen el acompañamiento y refuerzan la percepción de profesionalismo.
El abogado debe establecer límites éticos y procesales desde el primer día. Esto evita falsas expectativas y asegura que el cliente comprenda que la defensa se basa en hechos, evidencia y estrategia, no en promesas vacías.
En conjunto, estas prácticas permiten construir relaciones basadas en confianza, realismo y transparencia.